Comunicar ciencia, tecnología e innovación (segunda parte)

Juan José Solís Delgado
(Publicado en la revista Razón y Palabra, el 15 de enero de 2013) 

En la entrega anterior, consignaba que para comunicar adecuadamente la ciencia, tecnología e innovación, antes era preciso entender las operaciones y la dinámica de estos tres elementos frente a los medios de masas; pero sobre todo plantear un escenario distinto de entendimiento, de cara a las decisiones de los responsables de las oficinas de comunicación social y de los directivos y editores quienes no siempre logran visualizar el interés periodístico y social de los rubros mencionados.

Hablemos entonces de dos frentes: primero las oficinas de comunicación social de las entidades científicas y/o tecnológicas y segundo de las redacciones periodísticas.

Habitualmente, en las oficinas de comunicación social se trata de colocar el nombre de la institución a como dé lugar. No siempre importa si el proyecto de investigación está lo suficientemente maduro para darlo a conocer o si en verdad aporta valor al conocimiento científico. El afán de poner el nombre de la institución en medios de masas, obliga a los comunicadores sociales a “vender” temas científicos a cualquier precio.

En ese sentido, el desarrollo de la investigación debe ajustarse a los caprichos de la coyuntura mediática, así tenemos cosas tan lamentables como si una actriz de la farándula decide inyectarse silicones en los glúteos para hacerlos más voluminosos y esta acción le provoca una afectación a la salud, entonces tenemos a decenas de doctores especialistas en plásticos hablando de los riesgos de inyectarse sustancias químicas dañinas en las nalgas. Eso no es comunicación de la ciencia. Es simplemente espectáculo y frivolidad.

El problema estriba en que los comunicadores sociales deben aceptar que existe una distinción entre comunicación social y comunicación de la ciencia; dicho en otras palabras: debemos distinguir entre comunicar y divulgar. Mientras para la coyuntura el investigador es el protagonista de la información, en la divulgación es el desarrollo científico o tecnológico quien debe ser el protagonista. Y ambas acciones no siempre comparten el mismo tiempo y espacio.

La comunicación de la ciencia, tecnología e innovación, debe ser tratada de forma distinta. Por más que se quiera no puede ajustarse a estándares de mercado o rating que impera en los medios de masas, en todo caso debería ser al contrario, los medios deben acoplarse a los avances científicos y tecnológicos.

Pero no sólo eso. Los comunicadores sociales deben saber que para comunicar ciencia, tecnología e innovación deben traducir los tecnicismos a un lenguaje asequible a todo público; sin embargo esto no quiere decir en ningún momento disminuir la complejidad que por naturaleza tiene la ciencia, sino que se debe conservar esa condición para que no se pierda la sustancia y valía del conocimiento científico.

Para ello, el comunicador antes de redactar un boletín para medios, debe convertirse en una suerte de científico quien debe tener la sensibilidad e imaginación suficiente para detectar las razones por las cuales el proyecto de investigación tiene un aporte a la vida cotidiana de las personas y al mundo científico; es decir, si el comunicador hubiere sido quien desarrolló la investigación qué temas o rasgos daría a conocer y cómo querría que los demás lo supieran.

Así saltamos al otro frente: las redacciones periodísticas. Primero, para los directivos ciencia es lo que se hace en las universidades o centros de investigación y sólo entre ellos se entienden; tecnología son los gadgets, robots, la Internet, etc; y la innovación es lo que produce modelos económicos eficientes. Falso (ver entrega anterior).

Los editores de ciencia mandan a sus reporteros a la calle a conseguir “notas que vendan”, como si los periódicos y medios electrónicos subsistieran económicamente de los contenidos científicos. Quizá haya que recordar que todos los medios de masas viven de publicidad gubernamental y privada y no de “notas que vendan”. Así, en realidad lo que están pidiendo los editores con aquello de la nota que venda es una nota que provoque escándalo, porque tienen la errónea idea de que la ciencia es aburrida y sólo mediante el alboroto pueden dar a conocer ese tipo de información.

Pero la ciencia en los medios es aburrida porque los reporteros no necesariamente son especialistas en la fuente, y se obliga a que los temas científicos se comporten igual que los deportes, las finanzas o la política que día con día tienen que ofrecer información nueva. La ciencia no está obligada a presentarse como nueva cada día, por ello, el reportero sufre al intentar presentar los temas científicos como novedosos con la zozobra de no saber qué podrá presentar al día siguiente.

La dinámica de los medios ha hecho creer que siempre debe haber un compromiso con el público. Los noticieros radiofónicos o televisivos y los medios impresos se transmiten y publican día con día haya o no información; pero no así los asuntos científicos. Ante ello, insisto, es la coyuntura la que intenta jalar los temas científicos y tecnológicos para hacerlos cotidianos y novedosos aunque en el fondo sea sólo una simulación de información científica.

No es fácil comunicar ciencia, tecnología e innovación, pero tampoco es imposible. Quizá sea un nicho que los comunicadores aún no hemos explotado lo suficiente y cómodamente hemos dejado la tarea a los propios científicos para que sean ellos quienes divulguen su conocimiento.

El desarrollo de ciencia, tecnología e innovación es fundamental para el crecimiento de un país no sólo en materia económica, también incide en su crecimiento cultural y humano. Para alcanzar ese estado de bienestar social del que mucho se ha hablado, será necesario comenzar por ser sensibles a los temas científicos y aceptar que el mundo de la ciencia es el único capaz de darnos “casi” todas las respuestas que históricamente desde que el hombre es hombre nos hemos planteado.

 

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